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Entre los mayores placeres que recuerdo haber experimentado en un campo de fútbol, además de acordarme de toda la familia del árbitro, claro, está el de gritar a pleno pulmón y saltando con los brazos en alto ¡gooooooool!.
Es cierto que el fútbol no me apasiona, pero en el campo es otra cosa, el gusanillo de ver a los jugadores fuera de una pequeña caja a la que puedes subir y bajar la voz, la algarabía del resto del público y los coros a uno u otro equipo en función de donde vengan los coristas… el fútbol así, está claro que es otra historia.
Pero esta pequeña delicia de las que poder disfrutar algún que otro domingo no es viable en cualquier parte del mundo, en Irán sin ir más lejos, las chicas no lo hacen o mejor, no lo hacían, y no porque no quisieran, porque el género femenino ha parido en Irán excelentes equipos de fútbol y son grandes aficionadas, el problema era que estaba prohibido para ellas. No hace falta que relean la frase anterior, yo se lo repito: estaba prohibido que las mujeres iraníes entrasen en los estadios de fútbol, sí, resulta increíble, “mireusté” en los tiempos que corren... Pero esto se acabó, desde ya, le duela a quien le duela, en Irán no va a ser así, el presidente, juegue o no con la energía nuclear, y eso es tema para otro debate, porque lo cortés no quita lo valiente, acabará con este absurdo veto. De ahora en adelante, las iraníes no sólo podrán entrar a los campos sino que además se les habilitarán las mejores tribunas, eso sí, separadas de los chicos... ¿será por eso de que “con los gritos y los goles se desatan las pasiones”?... la verdad es que esto de las separaciones de género parece que se está convirtiendo en moda y sino que se lo digan a las brasileiras, para quienes en Río de Janeiro está habilitando vagones especiales de metro, porque había mucho listo que entre parada y parada se agarraba a lo primero que encontraba que ¡oh! ¡Casualidad! Siempre era alguna que otra asidera femenina… en fin, afortunadamente en España las mujeres, siempre que nos viene en gana, seguimos pudiendo acordarnos de la familia del árbitro sin que nos duelan prendas y de vez en cuando en el metro hasta tenemos suerte y algún tipo educado nos cede su asiento y se cuelga de la barra para no caerse en las curvas…nunca mejor dicho. |