TINTA DE LIMÓN
Escrito por Willy   
Luns, 18 Xaneiro 2010 15:50

TINTA DE LIMÓN

Preámbulo

Nos duele Haití. Pero...
Todos están de acuerdo, a ver si los sonidos se convierten en estructuras estables y así las trompetas de Jerico no vuelvan a destruir nada cuando vuelvan a sonar.
Hay que seguir.

A estas alturas no tengo principio para este relato. Tengo amarrado el final pero no así el origen. Es lo más parecido a un planeta en el universo, pero sin guerras.
Aun tengo esperanzas de poder encontrarlo y poder desarrollar algo que merezca la pena, y sobre todo que me pueda divertir, ahora mismo voy escribiendo obligado por la voluntad y desde luego no es nada agradable.

 

El otro día fui al rastro y compre una alfombra mágica y una lámpara maravillosa. Me engañaron en la lámpara, estoy cansado de frotar y el genio no le da la gana de salir; Debe de ser falsa. Probaré con otra clase de paño, pero creo que no va a ser de eso. Tendré que acercarme por la oficina del consumidor a ver que puedo hacer al respecto.
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¡Valla cola! Casi mejor vengo otro día. Al preguntar por el motivo de que hubiese tanta gente protestando y, de si tal barullo era lo normal de todos los días; no me hicieron ni caso. Estaban tan absortos con su problema que nadie me prestaba la más mínima atención. Todos ellos llevaban una bolsita de color verde que parecía que contenía papeles en su interior.

Como la cola no avanzaba, decidí adelantarme haber si podía sacar alguna conclusión y, cuando pretendí cruzar el umbral de la puerta un guardia de seguridad me lo impidió aludiendo que no podía pasar pues físicamente era imposible.

Mire hacía adentro y pude comprobar que el guardia mas bien se quedaba corto en sus argumentos; había gente sentada hasta en el mostrador.
Enseguida le pregunté por los motivos de aquella exaltación y como si pareciese no dar crédito a lo que escuchaba  me respondió:
- ¿Usted entonces por que está aquí?
- Bueno, compre una lámpara y resulta que...
Mientras hablaba, sacaba del envoltorio la prueba del delito. El guardia al verla ya no me dejo terminar
- ¡No se queje!, usted al menos tiene un objeto físico en su poder. Toda la gente que está hoy aquí; ¡incluido yo, eh!. Aunque estoy trabajando. Hemos sido victimas de un engaño absurdo. Así que vuelva otro día¡ qué hoy no esta el horno para bollos!

-Ahí llegan, ahí llegan – escuche decir detrás de mí a la muchedumbre.
La gente se movía expectante intentando ver una engalanada cabeza visible que satisficiera sus incertidumbres.
-No empujen, por favor no empujen – dije yo intentando amarrarme a algo estable.
Pronto se hizo un pasillo para que aquella pequeña comitiva pudiese pasar al interior del edificio y, al poco tiempo de perderles de vista empezaron a correr los rumores.
-¿Qué es legal? ¿Qué quiere decir que es legal?
-Dicen que es legal. Yo que sé. Estoy aquí por el mismo problema–comentaban mientras circulaba el rumor hasta el final.
-¿Pero lo han detenido?
-No sé. Ni idea.
-Son unos cabrones. Se quieren lavar las manos.

Otro movimiento de masas hizo que pensara seriamente si valía la pena que por satisfacer mi curiosidad siguiera poniendo en peligro el único cuerpo que poseía. Cuando se estabilizo, decidí que sí, y que me quedaría allí para darme un baño de realidad histórica.
-Apartaos, por favor. Apártense, dejen salir – Se escuchaba dentro de edificio.
-Un funcionario escoltado por la guardia civil se encaramó en un hatillo y comenzó a pedir a la gente que se agolpaba allí un poco de silencio para poder explicar lo que al parecer no se estaba entendiendo.
La gente movida por su curiosidad enseguida guardo silencio sepulcral para comprobar con que tendones mantenían aquello de la legalidad, si lo que llevaban en la bolsa era tan solo una vil estafa.

-Bueno. A ver como les explico yo a ustedes...
- ¡Eso a ver como nos lo explicas! – contestaron en la cola.
El funcionario saco su buen humor y contesto:
-¡Con mucho cuidado! –provocando la hilaridad hasta en el sargento de la Benemérita, que tenia puesto en el protocolo las veces que podía pestañear en un actos de esa condiciones.
- Bueno. La noticia no es buena, pero se ajusta a la legalidad. Parece ser, que solo a aquellos que no hubiesen abierto la compra se les devolverá el dinero pasados seis meses desde que lo adquirieron.
-Eso no puede ser. Todos lo hemos abierto. ¡A ver! ¿quién no lo ha abierto?
-Yo no –contestó una señora de entre la multitud – pero ya no lo quiero.
- Es una estafa, no hay nada. ¿No lo ven? Y ustedes lo justifican.
El barullo se generalizo a partir de las declaraciones del funcionario, a la vez que  enseñaban sus bolsas de plástico verdes.
-¿Pero han cogido a ese cabrón? – preguntó alguien con voz grave y enfadada para hacerse oír.
-Si, y estuvo en los juzgados – dijo en tiempo pasado el experto funcionario, para evitar una posible desbandada hacía la judicatura.

Yo, que como aún no sabía que coño pasaba, sacaba conclusiones que se deshacían en el mismo momento que se formaban.

-¡Vayamos por partes!- grito el funcionario para intentar tapar los afluentes que surgían de sus palabras.
-Todos ustedes fueron al puesto de ese vendedor y compraron su producto.     ¿No es así?

Un cruel silencio invadió la escena. El morbo me invadió de inmediato y supe que se acercaba el final.

-Todos ustedes ( volvió a decir el funcionario) vieron los letreros que tenía colgado el vendedor en su puesto: “SE VENDEN IDEAS” en letras bien grandes y a colores.
Si no me han informado mal, todos ustedes aclaraban al comprar el producto que clase de idea querían.

-¡Eso!, ( gritó alguien enseñando la bolsa y, prosiguió pensando que la razón estaba al caer) y estaba vacía y sin nada escrito. Y además...

-Déjeme acabar – protestó el funcionario cortando al espontáneo.
Unos decían : “Quiero montar un negocio”. Otros:”¿Que tengo que hacer para entrar en política?”. Algunos aclaraban para que no hubiera duda: “Son para recuperar un amor, ¿No?”
Unos cuantos, al parecer iban buscando felicidad, amor o dinero. Y otros pocos, se acercaron y le dijeron al vendedor: “yo tengo a mi padre enfermo”.
Y éste, les mandó al médico aduciendo que no vendía milagros.

Bueno, en definitiva, según pone aquí el informe, todos buscaban una idea para el fin que tenían previsto, y pagaron la cantidad de ciento cincuenta euros por el producto, que no era más, que unas cajitas con distintas formas dependiendo de la idea que buscaban.
¡Ah, por cierto!. Hubo uno que le dijo que:” quería atracar un banco en no se que sitio”. No creo que este aquí ¿No?- Preguntó nuevamente alargando el silencio.
- A lo mejor fue al único que le vendió buen producto – ironizó otro que no le gustaban las bromas mezcladas con sus intereses.
-¡Pues a lo mejor! - Grito el funcionario para volver a coger la palabra:
-Este producto según indica el libro. Bueno, la hoja de instrucciones. Solo es efectivo si usted lo pone en un sitio visible de su vida y después de seis meses lo abre. Porque al parecer las ideas le llegan a usted por evaporación. Si usted lo abre violentamente, no puede su mente absorber en tan poco tiempo tan valioso perfume. – Se calló esperando una explosión de cualquier tipo, pero el silencio le envalentonó y se atrevió a rematar su exposición:
-Esto que digo está avalado con declaraciones de otros clientes que han comprado el mismo producto. Que además dicen: “que al abrir la caja aparecen todas sus caras escritas con una especie de tinta ahumada, con las ideas que ustedes buscaban y para el fin que se habían propuesto. – Miró a su alrededor y prosiguió:

-Por eso, sólo se devolverá el dinero a aquellos que dentro de seis meses sigan pensando que es una estafa. Pero aún así, pueden poner las denuncias que consideren conveniente. – Miró al suelo como si quisiera indicar su respeto al respetable. Luego lentamente volvió a elevar su cabeza y dijo nuevamente:
- Pero el vendedor en vista del follón montado, devolverá voluntariamente el dinero a todos aquellos que tengan la cajita sin abrir.
- ¡A ver señora! Si, usted. La que antes dijo que ya no le interesaba el producto. Venga por aquí. Le vamos a reponer el dinero con el depósito que puso por orden del juez el vendedor.
-No, no -dijo la señora - me quiero quedar con el producto.
Las personas congregadas allí, poco a poco fueron despejando la zona sin darse ni siquiera cuenta de que se estaban marchando.

Yo marche con mi lámpara pensando en ponerla en un sitio privilegiado de mi vida.¡Quizás con el tiempo!.
Eso si; La alfombra va como Dios.

 

 

 

 
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