Coacción a la libre prescripción médica en Galicia

Estoy ultimamente muy disgustado por la penalización que se pretende llevar a cabo desde la Consellería Galega de Sanidade contra los médicos de atención primaria (o de cabecera). La idea es que éste no pueda prescribir más allá de un porcentaje máximo de novedades terapéuticas marcadas por la Administración y para lo que nos remite un escrito que contiene la siguiente información: La administración expone: “los medicamentos considerados como Novidade Terapéutica” para o ano 2011, entendendo como tal aqueles medicamentos autorizados e comercializados pola Agencia Española de medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) nos últimos tres anos, financiados por receita oficial e onde a súa aportación ó arsenal terapéutico recibiu a valoración de “pouca ou nula mellora terapéutica” polas Axencias de Avaliación de Medicamentos”. Lo más cínico del asunto, es que todo el mundo sabe que las innovaciones terapéuticas son fármacos aprobados por la EMEA y la AEMPS tras demostrar de un modo fehaciente su eficiencia médica
                             .
 
Es decir, permiten que esos fármacos de escasa o nula mejora terapéutica,según ellos, claro, puedan ser recetados a cargo del Sistema Nacional de Salud español y, por tanto, en cada una de las dicisiete Comunidades Autónomas, pero como resultan, parece ser, muy gravosos para la Consellería Galega de Sanidade, ponen un canon sancionador y coerctivo al colectivo médico de cabecera mediante la coacción a cumplirlo so pena de no pagar un complemento de productividad variable (CPV) que es de la misma cuantía que cuando hace unos quince años se nos concedió, ya que nunca en todo este tiempo se actualizó con la aplicación anual de la subida del IPC. Es decir, hace unos quince años se nos pagaba si cumplíamos el cien por cien de los objetivos una cantidad bruta anual aproximada de dos mil cuatrocientos euros y ahora, quince años después, en caso de cumplir todos los objetivos que se nos marcan cada año, sería de dos mil cuatrocientos euros igual. Supongo que si pasados cien años ese CPV se mantiene como incentivo hacia la mejora asistencial de los pacientes por parte de los médicos, puesto que para eso se hizo, será de dos mil cuatrocientos euros, que para entonces será lo que cueste tomar un café.
Nosotros los médicos de cabecera tememos que la Consellería de Sanidade Galega use el argumento de que sólo nos preocupa el dinero que podamos perder por prescribir más de ese porcentaje de novedades terapéuticas, siendo ese argumento una gran falacia, ya que de lo que sí estamos muy preocupados es de que la Consellería de Sanidade Galega y sus gestores estén cometiendo irregularidades que rozan lo penal al coaccionar a quien mejor sabe lo que le es bueno al paciente, tal como somos los médicos de cabecera, y que por temor a la sanción citada anteriormente, nos cohibamos de proporcionar a los dolientes de nuestros cupos los fármacos que en conciencia consideramos sean los mejores para sus enfermedades, sean aquellos novedades terapéuticas o no. De hecho, afortunadamente, del arsenal fármaco-terapéutico del que dispone el médico, la mayoría del mismo está compuesto de fármacos de muy bajo coste por ser muy antiguos y que no por ello dejan de tener una gran eficacia. Es decir, el médico de cabecera en pocas ocasiones deberá recurrir a novedades terapéuticas porque dispone de medicamentos que llevan muchos años demostrando sus beneficiosos efectos y que son de bajo coste, tanto para el paciente como para el sistema que los debe de asumir: el SERGAS.
Aclaremos pues la cuestión de que no es el dinero que se nos retirará por no firmar este año los objetivos para el CPV 2011, sino la indignidad que supone que unos gestores sanitarios nos digan lo que es bueno o malo prescribir a nuestros pacientes y en qué porcentaje si el fármaco es considerado una novedad terapéutica. Llevo en esto de la medicina casi treinta y tres años de ejercicio y nunca me había ocurrido que ningún político-gestor me coaccionase en la forma de prescribir para la mejora de mis pacientes enfermos. ¡Como si yo no supiese administrar los recursos fármaco-terapéuticos que el sistema pone en mis manos! ¡Como si nunca hubiese sido consciente de la cantidad de dinero que un médico gestiona al cabo del día en cada una de la recetas que emite! Hasta no hace mucho tiempo, el precio medio de gasto por receta de cualquier médico español que tuviese la más mínima dignidad en prescribir con eficiencia, y pongo la mano en el fuego que en ese saco estamos casi el cien por cien de los profesionales médicos de cabecera, era de doce euros. Fíjense hasta que punto estamos concienciados de lo que podemos gastar. Pero claro, nosotros no podemos decirles a las personas ni que no enfermen ni que si lo hacen no vengan a buscar nuestra ayuda para intentar sanarlos. Como dioses no somos, no conozco ningún compañero que con las manos, la mirada, la palabra, etc. logre curar unas anginas purulentas que provocan una gran fiebre y malestar en la persona que las padece. Hay que usar fármacos que pueden ser más o menos gravosos, pero nunca por nuestra culpa, puesto que ni se cuenta con nosotros para decidir cuál fármaco sería conveniente incluirlo dentro de los que se pueden dispensar en el SNS como novedades terapéuticas, ni mucho menos con qué precio deben de salir al mercado, y que en ocasiones sonroja por lo desmesurado que es. ¿Quién o quienes lo fijan? Tiene que ser una Comisión del SNS con los representantes de los Laboratorios Farmecéuticos (FarmaIndustria), pero nunca ningún colectivo médico adscrito o que tenga relación con los médicos de cabecera. ¿Cómo se puede ser tan inconsecuente de culpabilizar de un gasto farmacéutico desmesurado a unos médicos de a pié cuando ni pueden decidir qué fármaco o fármacos podrán ser financiados con cargo al SNS ni tampoco a qué precio este organismo los va a pagar? Si el Estado no puede permitirse el financiar a cargo del mismo ciertos fármacos que los políticos y gestores lo expliquen a la ciudadanía y que no los asuman. Pero usar de cabeza de turco a unos trabajadores con una carga asistencial cada vez mayor para responsabilizarlos del desfase económico en gasto de farmacia ya que se exceden en un porcentaje de novedades terapéuticas que en la mayoría de los casos han demostrado tal grado de eficacia, que son eficientes por evitar ingresos hospitalarios, por conseguir una más pronta recuperación de la salud de aquellos pacientes en situación de Incapacidad Laboral Transitoria, o que simplemente consiguen respecto a lo que existe en ese momento que las dolencias crónicas sea soportadas con menor carga de dolor y temor. 
Señora Farjas, Conselleira de la Sanidade Galega y gestora máxima del SERGAS (Servizo Galego de Saude), dedíquese a su encomiable labor de mejorar nuestras condiciones de trabajo para conseguir metas clínicas más favorables a nuestros pacientes y déjese de herirnos en nuestra dignidad de médicos al mostrar una injerencia poco elegante en un apartado en el que Vd., muy señora mía, no le compete, y que no es otro que decidir qué medicación debemos proporcionar a nuestros pacientes para conseguir su más pronta recuperación de la salud, que como bien sabe es el mayor activo que todo ser humano posee. Póngase por un momento en el lugar de que Vd. estuviese enferma y yo, simple médico de cabecera pero muy digno, tuviese que usar todas las armas diagnósticas y terapéuticas a mi alcance para conseguir que Vd. consiguiese recuperar a la mayor brevedad posible la salud con el fin de solventar los múltiples problemas de nuestra Sanidad al ser la máxima responsable y, por tanto, la máxima autoridad. Pues a mi no me quedaría más remedio que usar todos los conocimientos atesorados en estos treinta y tres años de profesión y aplicarle los remedios más eficaces y eficientes posibles, pero si para ello debo de usar uno o varios fármacos que son novedades terapéuticas para Vd. y que yo no debería prescribir para no pasarme de un porcentaje de los mismo que Vd. me pone como una medida de coacción, no podré hacerle caso y le daré lo que mi conciencia me dicte sea lo mejor para proporcionarle cuanto antes la recuperación de su salud. Ahora bien, eso sería aplicable a cualquiera de mis otros pacientes que acudan a mi en busca de ayuda para curarse día tras día.
Sin más, termino este largo alegato que mi indignación me provocó.
Alberto García Sierra. Colegiado 1078 del COM de LUGO.
Ir arriba