¿Una sociedad enferma?

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A cada momento los noticiarios nos informan de un nuevo caso de corrupción política en nuestro país, que conlleva siempre un desfalco monetario a la Hacienda Pública.

No queda impune ningún estamento de los que ostentan mayor o menor poder en nuestra democracia (la monarquía, los jueces, los políticos, los partidos políticos, los sindicatos, las diputaciones, los alcaldes, etc).

Cabría preguntarse varias cuestiones, desde si el poder implica tarde o temprano, de una manera directa, indirecta o ambas, la comisión de un delito de apropiación indebida de dinero público, hasta si lo que está saliendo a la luz pública no es más que la punta del iceberg y que todos los españoles, en función de las posibilidades que se posean, somos unos defraudadores en potencia así que se nos presente la más mínima oportunidad para serlo.

Esta última es la opción que para mí, desgraciadamente, más aserción posee.

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